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Tema - La función social del trovador

Guillermo Velásquez Benavides – Huapanguero La Sierra Gorda, México
Publicado en Encuentro de Payadores Casablanca, Chile 2007

Trovador, Pueta, Bertsolaris, Cantador, Repentista, Payador, Valonero, Verseador, Trovero - muchas maneras distintas de nombrarlos y un solo ser verdadero: oficiantes de la palabra hablada o cantada inserta en la mayoría de los casos en diversas estructuras musicales o melódicas que ayudan a potenciar la comunicación con el publico; porque esta es una de las características mas definitorias de nuestra poesía trovadoresca; es una poesía publica por naturaleza. No se trovan los versos para imprimirlos sino para pregonarlos en publico es solamente así como se ciérrale circulo mágico; El trovador en relación dinámica con la gente, interactuando con ella que a su vez sabe (cuando menos básicamente) de que se trata y algo y mucho espera de quien se asuma como "pueta".

 

¿Pero como se llega a ser trovador? ¿Cuánto cuesta la inscripción? ¿Cuántos semestres dura la carrera? ¿Cuál es el horizonte laboral de los trovadores? ¿Esta validada oficialmente esta profesión si es que lo fuera? Sirve de algo hacer versos a principios del SIGLO XXI con formas estrofitas que con la décima cargan cientos de anos a cuestas? La vocación de trovador es anómala- cuando menos lo sigue siendo en mi región- no nace de calculo alguno sino del gusto, de las ganas y la decisión de serlo, no garantiza ni empleo seguro ni prestación alguna. Al que se le mete en la cabeza ser guitarero es porque "le gusta la mala vida"- dicen las lenguas viperinas-las desveladas, pachangas, las mujeres, el andar de aquí para allá, las malpasadas, la música, el trago por supuesto y comer" de gorra" cada vez que se pueda. "Venimos a contarlo para que se vaya a divertirnos un rato" "queremos que no haga ruidito..." Ya veces se nos tupen las tocadas y luego se ralean, y de repente nos habla José Luis Alventosa para venir al encuentro de Payadores de Casablanca de Chile y a lo mejor en la noche en la fiesta que tocamos un borrachito nos grito ¡"pinches musiquillos, valen puro chile!, y eso en México significa una cosa que nada tiene que ver con las cuecas ni con Bachelet. Pero el mito existe y se ha fortalecido-para bien o mal- en los últimos 15 o 20 anos "El repentismo" "las payadas," "las controversias", "los contrapuntos", "las topadas" nuestras provocan asombros académicos, se revaloran, se revitalizan y las tradiciones empiezan a viajar, a hermanarse, a nutrirse unas con otras y de pronto empezamos a hacer conciencia de que si han sobrevivido por siglos es porque "algo tienen," para "algo sirven", es decir :alguna función social, algún "rol" siguen cumpliendo los trovadores. ¿Cuál es? Antes de intentar una repuesta a tan metafísica interrogante, permítaseme anteponer otra cuestión muy ligada al tema que nos ocupa: ¿Cuánto de verdad y de exageración hay en decir-como creemos algunos-que ser trovador es un destino? No se trata de aseverar que somos unos elegidos o que hemos sido señalados" por el dedo divino", pero yo si creo que ser depositarios de una tradición como la ejercemos- la palabra y el canto- es mucho mas que "una chamba, un jale, una opción laboral...y es cuando el trovador se hace consciente de la responsabilidad social que conlleva la vocación, la gracia, el don o como quiera llamársele el ejercicio de la Palabra, ahí es- como dice el dicho-"donde la puerca tuerce el rabo" porque empieza uno a ver que ser "cantador, "guitarero "o payador no es cualquier cosa: hay que aprender y estudiar mucho, que "no es no mas de enchilame otra ", que esto no es de ponerse a travesear en ratitos ni "de un día para otro" ya cualquiera merece nombrarse "trovador"...

 

No es raro que mas de una vez en una topada con otro poeta o frente a algún compromiso que nos plantea un nivel de exigencia muy considerable, sintamos que "nos tiemblan las corvas" y quisiéramos "sacarle cañas al tercio", que tengamos miedo de "no hacerla" y como Jeremías interpelemos a ala Divinidad reclamándole que nos haya elegido como sus heraldos o que tecleemos un mail urgente dirigido al Mago de Oz que nos encandilo para engancharnos a tal cosa y haciéndole saber que mejor no queremos estar excluidos de su "Messenger" ni chatear con él y que nos deje en paz que decidimos mejor dedicarnos a un trabajo mas normal y redutiable.

 

Pero con ese impulso abdicatorio germina tal vez el ímpetu poderoso que tiene que ver con la curiosidad, el asombro, las ganas de arriesgar, y de buscarle "tres pies al gato", de ver "que onda", de querer conocer el lado oculto de la luna, es decir: las inmensas ganas de optar por el misterio y no por el camino andado, por el enigma y no por lo ya sabido, la decisión de renunciar a cómodas certezas para internarnos en la selva oscura de las incertidumbres.

 

Habrá quienes lleguen a esta umbral y ahí se queden: con su habilidad y su gusto por los versos pero nada más: y le soplarán a las palabras como un fogoncito de brasas cálidas y apacibles que le calientan los pies, y tal vez no pierdan la ficción y hasta ejerciten de manera notable la memoria y sepan muchas coplas y décimas y las acaricien como gatitos o mascotas domesticas que le laman el ego y el corazón de vez en cuando sin aspirar a más y sin comprometerse con nada, pero quienes habiéndose sentido convocados transponen ese umbral y deciden comprometerse con el verso sepan que se jodieron de por vida.

 

Y viene en cuento aquella asamblea de poetas campesinos en San Francisco, municipio de Río Verde San Luis Potosí en la que:

Don Antonio García a sus ochenta años, dijo de pronto:

"Para cerrar con broche de oro esta reunión quiero decirles que yo hasta aquí llegue, tengo el código agrario con un veliz con unos versos muy viejos, tengo la constitución con otros versos viejos, todo eso ya no me es útil y como ya hice lo que pude con el arte del huapango y la décima, he decidido limpiar mi alfalfa, comprarme un tiro de mulas, un arado de dos manceras, un sombrero ancho, una montura nueva y seguir mi camino chingao. Ya no mas quiero dedicarme a sembrar la tierra, a florear la riata, a tumbar toros y a ver hasta donde aguanto pero de los asuntos del verso hasta aquí llegué"

 

Antonio – replica don Agapito, viejo amigo guitarrero también:

"Mejor cállate, porque eso que haz dicho es una ocurrencia que se te vino de momento, tú seguirás siendo lo que eres el verso no se te va a retirar no mas porque lo deseas, está en ti, te entregaste a él...".

 

Antonio
Si pero con tus sanas opiniones y con tus vivas y aplausos no me vas a rejuvenecer, ya no puedo salvar el charco lo se mejor que tu y que todos..."

 

Agapito
"No me voy a someter a tus opiniones eres un poeta y lo serás hasta que mueras".


Antonio
"Lo fui Agapito, pero no hay que comparar el pasado con el presente".

 

Agapito
"No Antonio ya no puedes olvidarte es como cuando haces un pacto con el diablo, no vas a poder dormir si no estas con el verso encima. Si quieres deshacerte del verso necesitas morir y si dejas el verso llorarás, eso si llorarás". Hasta aquí la evocación de esa memorable asamblea de poetas.

 

("Poetas y juglares de la sierra gorda: crónicas y conversaciones". Eleazar Velásquez Ed. " La rana: Instituto de Cultura de Guanajuato pp350 y 351).

 

Pero que nadie se espante con la palabra joder, porque si en una de sus acepciones quiere decir "fregarse" o " amolarse" en otro contexto también significa " conseguir algo"( ya jodí), ganarle la partida a un contrincante ("me lo jodí") y si llevamos al extremo la connotación también tiene connotaciones de " gozo" y "disfrute" y los trovadores que en un momento dado de nuestra existencia decidimos " tomar la palabra" corriendo el tiempo descubrimos que tal decisión si la tomamos con pasión nos dará la posibilidad de vislumbres y atisbos que efectivamente solo son posibles en el acto de hacer el amor ¿Pero es que entonces la función social del trovador tiene que ver con el erotismo?, ¿ no es esto ya un degenere ya neurótico? Y salen de su sepulcro los inquisidores para quemar en leña verde a ese juglar obsceno que pretende establecer afinidades heréticas. ( "In principio Erat Verbum y el Verbo estaba en Dios...") entre la versificación y el Kama Sutra, entre Vicente Espinel y el tablet dance pero no señores inquisidores no estoy invitando a los payadores cibernautas del siglo XXI a volverse adictos al sexo por internet, afirmo metiendo mis manos al fuego, que lo subyace en la vida y obra de un trovador que se decide a serlo de veras, es el amor llevado hasta las ultimas consecuencias: el de Ghandi, Emiliano zapata, Víctor Jara, Cristo, Sandino, José Martí, El Che, Nelson Mandela, José Alfredo Jiménez, Salvador Allende, es decir, el amor como entrega, el amor como dedición incendiaria, como incandescencia traducida en ingenio., lucidez, ternura, celebración de la vida, capacidad de indignación frente al ultraje y el poder que lastima, preservación de la memoria histórica de los pueblos a los que permanecemos, sentido del humor, capacidad de hacer fiesta y generar alegría de vivir y regocijo...el trovador- hombre o mujer- debería ser esencialmente amoroso y apasionado, consciente de su sensibilidad y dispuesto a cultivarla en bien de los demas y no para incrementar los réditos de su autocomplacencia aunque sean siempre bienvenidos los aplausos y apapachos que acarician el alma del trovador y lo estimulen seguir "en la huella. La función del trovador tiene que ver con el poder (la palabra lo es) que construye, que se presente como el andamio que hay que fortalecer-fincado a su vez en el pasado histórico- para poder seguir inventando un mejor futuro, y le corresponde alpueta,al payador, al guitarero sumarse al ímpetu social, ponerse al lado de skywalker y de su espada luminosa frente a dark vader reencarnado en los prejuicios, el abuso, la irracionalidad, la desinformación y la manipulación grosera de la opinión publica que hacen muchos de los medios masivos de comunicación.

 

Que no tenga miedo el trovador de publicar su palabra(si calla el cantor, calla la vida; dijo Horacio Guarani) cuando esta seguro de darle voz a muchos que necesitan expresarse en su pregón y en su canto, que no se convierta en lacayo y bufón de ninguna ideología pero no toma expresar su opinión aunque incomode o lo estigmaticen. Que cuando sean muchos los aplausos y las vivas no se devorar por esa flor encantadora y engañosa que es la fama. Que recuerde que la tradición de la que es depositario ni empieza ni termina con el. Que tenga conciencia siempre de que la palabra lo trasciende y que es ella la que importa y no el como individuo. Que sepa el trovador contemporáneo ser juglar, medieval y astronauta galáctico, que diversifiquen sus búsquedas creativas y no se divorcie prematuramente de las herramientas y recursos que le aporta el tiempo que le ha tocado vivir, que preserve y dignifique su tradición pero se arriesgue a romper con prejuicios, y tabú y convencionalismos anquilosados en bien de ella misma. Que convierta la trova en ejercicio de vida, no en fardo agobiante ni grillete que arrastre sino un gozo, juego travesura y disfrute a sabiendas de lo que esto conlleva en disciplina, rigor profesional, dominio de las herramientas y técnicas propias de su propio oficio solamente así: con autoexigencia, con el aprendizaje permanente, con la apertura inteligente podrá convertirse en verdadero trovador (gambusino de "hallazgos" si vamos a la etimología de la palabra)y substanciar entonces en vida y hechos la función social de todo artista "culto," "popular" o extraterrestre; iluminar, emocionar, tocar el alma, la memoria, la imaginación , las viseras del corazón sobre todo de quienes lo escuchen para transcenderse colectivamente y fortalecer la esperanza y atizar el fogón de la vida, que el trovador consuele y ayude a no olvidar, que sea capaz de propiciar una sonrisa y versificar motivos y razones que crispen los puños he hinchen las venas frente a una situación de injusticia donde quiera que esta se de, que sea humilde pero digno siempre y sobre todo frente el poder que corrompe y oprime, que si algún reconocimiento recibe su trabajo sepa que no es tanto por merito propio sino por haber querido darle alojo e irse haciendo digno (ojala) de esa fuerza transcendente y universal que es la palabra que en el se expresa-y que le da cierto fuero al menos- para que después de haber hecho fulgurar la vida para los demás pueda interpelar a su propia muerte cuando se le arrime y el trovador no este de acuerdo en que ya es hora.